Suicidio y diagnóstico Bipolar


La bipolaridad es un trastorno caracterizado por una variación anormal en cuanto al estado de ánimo, nivel de actividad o energía, y capacidades para realizar actividades cotidianas. El trastorno bipolar también provoca deterioro cognitivo, y funcional. Es así, una de las mayores causas de discapacidad entre los adultos jóvenes. Pero además eleva la mortalidad en este grupo, en particular la muerte por suicidio (Berk, Birmaher, Vieta, & Grande, 2016).


En este ensayo se explicará más a fondo los aspectos clínicos de este desorden mental y la incidencia del suicidio dentro del grupo que la padece.



En el trastorno bipolar se presentan episodios depresivos, maniacos, hipomaniacos y eutímicos. Siendo más frecuentes los episodios depresivos que los maniacos, estos pueden mostrar o no síntomas atípicos como la melancolía, y a su vez, pueden presentarse síntomas interepisódicos (Martinez, Montalván, & Betancourt, 2019).


Podemos diferenciar entre dos tipos principales de trastorno bipolar: Tipo 1 y 2.

El tipo 1, en el cual se presentan episodios tanto de manía como depresión, y el tipo 2 el cual se caracteriza por episodios de hipomanía y depresión. Su principal diferencia es la intensidad de la manía. Los episodios maniacos causan severa disfuncionalidad, síntomas psicóticos, y en muchos casos pueden requerir hospitalización. En cambio, la hipomanía puede no causar deterioro significativo en la funcionalidad laboral y social. Por último, también se conoce como trastorno bipolar a la ciclotimia, en la cual existen episodios recurrentes de depresión subclínica e hipomanía (Jann, 2014).


Actualmente, el diagnóstico se basa en la entrevista clínica y en ausencia de marcadores biológicos, este proceso ha sido criticado por carecer de objetividad y tener poca confiabilidad y validez. De hecho, el diagnóstico inicial y el tratamiento correcto a menudo se retrasan entre 6 y 10 años, en parte debido a las dificultades para hacer un diagnóstico clínico (Rowland, Perry, Upthegrove, & Barnes, 2018). Es difícil calcular la incidencia del trastorno bipolar, ya que tiene mayor notoriedad después de un largo tiempo.


Debido a que en la mayoría de casos esta enfermedad comienza con un episodio depresivo, es difícil que sea diagnosticada en el primer episodio. Se estima que cerca del 10% de las personas con depresión desarrollaran una de las variantes del Trastorno Bipolar (Mendoza, Galindo, & Munguia, 2016).

Comúnmente la bipolaridad se manifiesta en la adultez temprana o en la adolescencia, ya que en estas etapas se da lugar a un gran desarrollo emocional y cognitivo, debiendo lograr una mejor auto- comprensión, y moldeando su interacción social (Malhi, Bargh, Coulston, Pritha, & Berk, 2014). Las personas con el trastorno tienen episodios muy perturbadores, recurrencias frecuentes y graves deficiencias psicosociales, incluso cuando no presentan síntomas. No obstante, el panorama para las personas con Trastorno Bipolar es más optimista que nunca debido a los notables avances en la investigación sobre su diagnóstico, etiología, pronóstico y tratamiento (Miklowitz & . Johnson, 2008).

Podemos definir el suicidio como toda conducta que un individuo acciona con el propósito de atentar contra su propia vida. Estas conductas usualmente son motivadas por múltiples factores tanto psicosociales como biológicos, económicos y culturales y son estos mismos los que podrán determinar la consumación o no del acto (Gonzales & Picado, 2020).


De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) el suicidio está entre las diez primeras causas de muerte en personas mayores de cinco años de edad.

En aquellos países que cuentan con datos fiables sobre la mortalidad, el suicidio se sitúa entre las tres principales causas de muerte para personas de aproximadamente 15 y 34 año. (Ferreira, Combra, Campos, & Ramos, 2009). El suicidio también puede ser visto como un proceso ya que inicia con una ideación, una intención y finalmente llega a la consumación (Benavides, Villota, & Villalobos, 2019).


Quienes padecen de este trastorno, tienen una tendencia a hábitos de vida sedentarios, además de un elevado índice de consumo de sustancias adictivas y una ingesta de dietas no saludables. En un estudio sobre riesgo suicida de pacientes con diagnóstico bipolar se observó que el trastorno por consumo de sustancias comórbido fue un predictor en los hombres (odds ratio = 1,95, IC del 95 % = 1,11–3,44), mientras que el trastorno de personalidad comórbido predijo el intento de suicidio en las mujeres (odds ratio = 2,29, IC del 95 % = 1,42–3,69) (Tidemalm, Haglund, Karanti, Landén, & Runeson, 2014).


De acuerdo a otro estudio, en los participantes se comprobó que el abuso de alcohol incrementa el riesgo de suicidio. Además, el trastorno bipolar se asoció con un índice estandarizado de mortalidad vinculado con causas no naturales como el suicidio en comparación con el Trastorno Depresivo Mayor(Rowland & Marwaha, 2018). Una revisión realizó una estimación sobre el riesgo de suicidio en pacientes bipolares, y concluyó que es de 20 a 30 veces mayor que el de la población general (Tidemalm, Haglund, Karanti, Landén, & Runeson, 2014). La prevalencia de por vida del trastorno bipolar es de 1,3 a 1,6%. La tasa de mortalidad de la enfermedad es de dos a tres veces mayor que la de la población general. Alrededor del 10 al 20% de las personas con trastorno bipolar se quitan la vida y casi un tercio de los pacientes admiten al menos un intento de suicidio (Müller-Oerlinghausen, Berghöfer, & Bauer, 2002).


En un estudio en Brasil sobre el dolor en pacientes con trastorno bipolar y su relación con el riesgo de suicidio se tomó una muestra de 60 participantes diagnosticados con bipolaridad quienes eran principalmente mujeres con una edad promedio de 40 años y aproximadamente 13 años en tratamiento. El 83% de esta muestra refirió sentir dolor en el momento de la entrevista. La mitad de los participantes refirió que este dolor interfiere en su rutina. El 57% de la muestra indicó]o que tuvo algún intento de suicidio. Se concluyó una correlación entre el riesgo de suicidio y la intensidad del dolor. El riesgo suicida se identificó en más de la mitad de los participantes (Ferreira & Ribeiro, 2021). Estudios epidemiológicos de la Sociedad Internacional del trastorno bipolar reportaron que entre el 23 y 26% de personas diagnosticas con este trastorno intentan suicidarse. (Schaffer, et al., 2015) . En 79 estudios con 33719 usuarios con trastorno bipolar. La prevalencia de intento suicida fue de 33, 9% asociándose positivamente con trastorno bipolar tipo I, trastorno bipolar no especificado y el genero femenino. También hubo diferencias marcadas en cuanto a nivel de ingresos y región geográfica (Dong, et al., 2019).


Un estudio comparó la prevalencia de intentos suicidas entre personas con trastorno bipolar tipo I y trastorno bipolar tipo II pero no hubieron diferencias significativas. La prevalencia en el primer grupo fue de 33,4% y en el segundo de 36,3%. (Novick, Swartz, & Frank, 2010) Otros estudios muestran que tanto los pacientes con trastorno bipolar y trastorno de la personalidad tipo B presentan mayor severidad en autolesiones, intentos de suicidio y hospitalizaciones (Apfelbaum, Regalado, Herman, Teitelbaum, & Gagliesi, 2013).


Según un estudio, en los países de ingresos altos el 92% de las personas que han tenido un intento suicida tienen diagnósticos de trastornos psiquiátricos y aproximadamente el 90% de los individuos que logran consumarlo poseen trastornos mentales. Sin embargo, esta asociación es menor entre un 30 y 80% en los países que son de ingresos medianos o bajos (Yomaira, 2021). Los trastornos psiquiátricos aumentan significativamente la probabilidad de cometer autolesiones. El riesgo suicida en pacientes con trastornos mentales es de 4 a 25 veces mayor que en quienes no tienen ninguno, con excepción de trastornos por deterioro cognitivo o del desarrollo. Sin embargo, hay evidencia de que más del 98% de personas con trastornos mentales no mueren por suicidio (Campo & Herazo, 2015)


Conclusiones

En definitiva, existe una gran incidencia de riesgo suicida en personas que tienen diagnostico de trastorno bipolar. Este desorden mental involucra varios episodios depresivos, maniacos, hipomaniacos entre otros así que padecerlo además de representar una discapacidad debido a las afecciones que involucra a nivel cognitivo y funcional, también incrementa el riesgo de muerte por suicidio. Las personas que tienen un diagnostico con este desorden suelen tener conductas de riesgo como el abuso de sustancias y mala alimentación lo cual incrementa las probabilidades de cometer conductas suicidas. El trastorno bipolar tiene la tasa más alta de suicidio de todas las afecciones psiquiátricas y es aproximadamente 20 a 30 veces mayor que la de la población general. (Miller & Black, 2020). Debido a todo lo anteriormente mencionado, es imprescindible que en cualquier campaña de prevención al suicidio se tome en cuenta formas de intervenir en este grupo específico, tomando en consideración la singular forma en la que se manifiesta este trastorno.


Referencias


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