La importancia de los servicios de salud mental

Actualizado: 18 jul

LA SALUD MENTAL DESDE EL PUNTO DE VISTA MÉDICO

«La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades» (OMS, 2022).

Es así como la Organización Mundial de la Salud en su constitución adoptada en la Conferencia Sanitaria Internacional celebrada en New York en el año 1946, define salud. En pleno siglo XXI estamos habituados a un concepto incompleto de la misma; por lo general se afirma que una persona goza de un buen estado de salud cuando no padece una enfermedad física, dejando en segundo plano la esfera mental y social. Es importante reconocer que las tres dimensiones deben funcionar y coexistir de manera armoniosa para poder gozar de un completo estado de salud.


Si realizaras una breve encuesta a las personas a tu alrededor acerca de la cantidad de veces que el estrés, nerviosismo, ansiedad o tristeza han entorpecido su ritmo de vida habitual, es probable que más de una afirme que, en al menos una ocasión, lo ha experimentado, otras por el contrario comentan que conocen a alguien cercano que lo ha vivido. Curioso pensar que a pesar de ser algo tan común, la sociedad le dé tan poca importancia al tema y no se generen de manera oportuna programas o proyectos concisos para generar un cambio en los servicios de salud mental.


La mediana de la inversión en los servicios de salud mental a nivel mundial ronda el 2,8% del gasto total destinado a la salud.


De acuerdo a datos registrados en la pagina web de la Organización Panamericana de la Salud en el año 2021 los países en vías de desarrollo apenas destinan 0,5% de su presupuesto de salud en los servicios de salud mental mientras que los países desarrollados invierten 5,1% (OPS, 2021).

En Ecuador, de acuerdo a un articulo publicado en la revista internacional de administración Estudios de la Gestión, la salud mental como rubro dentro del presupuesto de salud publica recibió́ un 1% del total presupuestado, lo que representa USD 147 millones (Guarderas, Raza, & Gonzalez, 2020).


La Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2020) estima que en la actualidad los trastornos mentales han ido en ascenso debido a la pandemia COVID-19, sumado con el riesgo que suponen ciertos factores sociales y biológicos, agravados en la ultima década los cuales influyen directamente en su desarrollo, tales como la pobreza, sobrecarga laboral, exclusión social, delincuencia, inseguridad, entre otros. Por mencionar algunos datos, hoy en día los trastornos mentales producto del consumo excesivo de sustancias representan a nivel mundial el 30% de las enfermedades no mortales y el 10% de la morbimortalidad total en el mundo. Otras cifras alarmantes son el aumento permanente de trastornos mentales en niños y adolescentes (1 de cada 5 tiene un diagnóstico de enfermedad mental), la disminución de la esperanza de vida entorno a 10-20 años en personas con enfermedades mentales graves y la ocurrencia de un suicidio cada 40 segundos (mientras lees esto, mas de dos personas se han quitado la vida), siendo esta la segunda causa de muerte para la población entre 15 y 29 años. Es escalofriante pensar que estos datos al día de hoy deben haberse duplicado o incluso triplicado.


Por lo mencionado anteriormente claramente la atención a la salud mental debería de ser un derecho fundamental garantizado para el ciudadano. Todos sin excepción deberíamos ser capaces de poder acceder al psicólogo o psiquiatra sin tantas trabas y demoras. El suicidio no espera, la depresión no espera, la dependencia de sustancias no espera. En Ecuador la Red Pública Integral de Salud cuenta con apenas 920 psicólogos y 98 psiquiatras, quienes en el 2020 atendieron mediante telemedicina alrededor de 82 mil personas a escala nacional solo entre el 24 de marzo y el 29 de mayo (MSP, 2021). No es muy difícil suponer que la calidad de atención que se brindó a cada paciente no debió haber sido la mejor, y no culpo a los profesionales de la salud, que estoy segura hicieron lo que pudieron con las herramientas que tenían; es indudable que el sistema está saturado.


La atención primaria, el primer contacto que tiene el paciente con el sistema de salud pública, cuenta con tres áreas: medicina general, odontología y gineco/obstetricia. ¿Por qué priorizar otro tipo de enfermedades sobre aquellas que afectan la mente y psiquis humana? ¿No es acaso necesario el bienestar emocional y mental para poder desarrollarse en las distintas tareas del día a día? Una madre de familia que tiene depresión postparto no podrá ejercer su rol de manera plena al verse limitada por esta enfermedad, un trabajador con bipolaridad no va a tener el mismo rendimiento laboral que otro que no, un médico son síndrome de trabajador quemado no va a poder atender a sus pacientes de manera eficiente si lo comparamos con otro que si ha recibido algún tipo de ayuda. La raíz de la importancia de los servicios de salud mental radica en el hecho de que una sociedad que no esta bien mentalmente o que no cuenta con herramientas para gestionar ese tipo de situaciones, no va a poder desarrollarse de manera plena.


Indudablemente el sistema de salud es una limitante para la generación de modelos de salud íntegros donde la salud mental tenga tanta importancia como la salud física, pero el ser humano también puede llegar a ser su propia limitante. Es importante educar ciudadanos libres de prejuicios alrededor del bienestar mental, que no juzguen y critiquen a quien busque ayude, que no se intimiden ante la posibilidad de ser atendidos por un profesional y que a su vez puedan ser apoyo y puente para quien esta en busca de ayuda. El Covid no durara para siempre, y así como otras pandemias, en algún momento formara parte de los libros de historia, sin embargo, la pandemia de enfermedades mentales parece no estar ni cerca de desaparecer, enfoquémonos en ella.

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