Guía breve sobre Trastorno del Espectro Autista

Actualizado: 5 abr

Mis decisiones no son gobernadas por mis emociones, nacen del cálculo. - Temple Grandin (sujeto de renombre mundial con TEA)

Lo que se conoce hasta ahora sobre el autismo


Se trata de un cuadro del neurodesarrollo categorizado en el DSM-V (Manual de diagnóstico psiquiátrico) como Trastorno del Espectro Autista.  Caracterizándose principalmente como una afectación en el procesamiento de la información, lo que trae dificultades en la interacción social y la comunicación, así como en la conducta y la flexibilidad del pensamiento.  Hay una variabilidad en la presentación de los síntomas, por ende, se incluye dentro del concepto de la neurodiversidad, que a su vez se define como la variedad de los procesos cognitivos del cerebro humano.  Sin embargo, dentro de los criterios diagnósticos del DSM-V (2014), se establece que la principal dificultad del TEA es la de mostrar empatía, como efecto de deficiencia socioemocional; comunicación no verbal afectada; dificultad para establecer amistades o ajustarse a un contexto determinado.

Por otro lado, los síntomas no son todos iguales en los sujetos con espectro autista; cambian a lo largo de la vida dependiendo del contexto, género, vínculos familiares o contexto social.


¿Hablamos de una discapacidad?


Se tiene la idea de que la discapacidad se encuentra en las personas, pero proponemos que esta tiene que ver más con qué conducta está en déficit y cuál no lo está. También en relación a las funciones intelectivas y ejecutoras (físicamente hablando).  Pero lo hemos propuesto como “diversidad”, la misma que merece atención especializada. Aún cuando el DSM-V (2014) sí establece que, por la dificultad de comunicación con el paciente con TEA, se considera una discapacidad intelectiva.


Para entender y atender a un paciente con TEA, también nos es útil tener en cuenta las distintas condiciones del desarrollo psicológico y darles una mirada diferente a las etapas del individuo, sin asumirlas como algo estático o con tiempos definidos.


Asimismo, la evaluación y el diagnóstico diferencial son un punto de partida (siempre y cuando se considere el impacto que tiene un diagnóstico sobre la vida del paciente y sus familiares: un diagnóstico no es lo mismo que un sujeto) que pueden trazar un mapa para dar una dirección de cuáles son las áreas en las que se deben trabajar, sin dejar de lado la escucha particular.  Áreas que podrán ser intelectivas, de ejecución, de independencia, de decisión o lo que hemos señalado como principal impedimento: el vínculo social.


El diagnóstico no es un único marcador para el abordaje del paciente con TEA.  Es importante observar las fortalezas, debilidades y gustos para poder trabajar en torno a ello desde la perspectiva cognitivo-conductual 1 .  Los diagnósticos no serán precisos, pero el esfuerzo de evaluación debe tenerse en cuenta porque delimitará la estrategia de intervención o cambiarla si fuera necesario (Menasse, 2019).


También es importante que la evaluación diagnóstica se realice de manera temprana, ya que existen más rutas posibles de acción frente a aquellas dificultades que se presentan en la primera infancia.


De lleno a la materia: acordemos qué es el autismo


Una forma de funcionamiento particular del sujeto, en donde existe un modo diferente de comunicarse y relacionarse.  Así también, se pueden observar en dichos individuos conductas estereotipadas o un pensamiento poco flexible.  No obstante, la definición de autismo ha tenido innumerables acepciones a lo largo de la historia de los trastornos mentales y un extenso debate científico dentro del campo de las disciplinas psicológicas.  Pero principalmente, pensémoslo como el impedimento para relacionarse con el otro social: dificultad para adaptarse, para comunicarse o empatizar.


Para concluir: propuesta de intervención


Consideramos el Entrenamiento en Habilidades Sociales (EHS) una de las estrategias de intervención frente al TEA, que son un conjunto de técnicas de aprendizaje sistemáticas basadas en la teoría del aprendizaje social, para adquirir nuevas habilidades (Caballo, 2007).  Cita:


Aunque la principal estrategia para enseñar habilidades sociales incluye el modelado, el ensayo de la conducta, la retroalimentación y la representación de papeles, se pueden utilizar otros procedimientos.  Por ejemplo, el aleccionamiento (coaching: proporcionar ayudas verbales) y la instigación (prompting: proporcionar señales con la mano) (...). (Caballo, 2007, p. 620)

La estrategia más adecuada es la representación de papeles, donde el terapeuta o tutor, modela las conductas que desea que el paciente aprenda, simulando situaciones de tres, cinco o diez intentos (Caballo, 2007).  Se otorgará retroalimentación positiva cada vez que se logre la habilidad social propuesta y una retroalimentación correctora en forma de sugerencia (Caballo, 2007). “El esfuerzo se refuerza siempre” (Caballo, 2007, p. 617).


También recomendamos el entrenamiento en percepción social, cuyo objetivo es entrenar al sujeto a entender e interpretar “las señales interpersonales que descubren los sentimientos y los motivos de las otras personas y las variables del entorno que determinan la adecuación de distintas respuestas” (Caballo, 2007, p. 620).  Se puede llevar a cabo, por ejemplo, mediante una conversación con el paciente: el terapeuta puede dar cuenta de las señales que pueden indicar falta de interés o apatía (Caballo, 2007).


Referencias


APA. (2014). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), 5ta. Ed. España: Editorial Médica Panamericana.


Caballo, V. (2007). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual para los trastornos psicológicos. Madrid: Siglo XXI.


Laurent, E. (2013). La batalla del autismo: de la clínica a la política. Buenos Aires: Grama Ediciones.


Menasse, M. (2019). El autismo y los autistas y del laboratorio a la clínica y de la clínica al laboratorio. DIAGNOSIS, no. 16. Recuperado de https://www.revistadiagnosis.org.ar/index.php/diagnosis/article/view/241.



 

Psic. Cl. María Lorena Paredes


Graduada de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo como psicóloga clínica (2017). Con experiencia en la clínica en torno a la salud mental y psicología del desarrollo. Su trabajo radica en el acompañamiento a niños y adolescentes, y trabajo en conjunto con familias dentro de espacios educativos.


Psic. Carlos Silva Koppel


Recibido de psicólogo clínico por la Universidad de Guayaquil (2011). Máster en Intervención Social por la Universidad Internacional de la Rioja. Ha colaborado con varios artículos en distintos espacios de difusión de la Salud Mental. Trabaja particularmente en atención clínica. Psicoanalista.

167 visualizaciones0 comentarios